Rasca

Rasca bien dentro de ti mismo antes de intentar ayudar a nadie.

Si no encuentras nada, vuelve a mirar y rasca otra vez.

Si te sientes ligero, vuelve a ver si encuentras algo más.

Si te hace sonreír cuando vas, es que lo has conseguido. Has mirado dentro con compasión, sabiduría y orejas bien abiertas. Es la única manera de crecer más allá de lo que es visible desde el exterior.

No puedes ayudar a nadie si no eres sincero contigo mismo. Si no aceptas que hay personas que te irritan porque sí, por su paz, por su opinión o por su forma de ver las cosas totalmente diferente a la tuya.

Sé sincero y rasca. Rasca y limpia hasta que cuando leas un comentario completamente no afín a ti o escuches una opinión contraria, consigas que nada se remueva en tu interior en forma de rencor, ira o enfado.

Hasta entonces, sigue rascando.

Lo de ayudar a otros lo dejamos para más adelante.

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