Aceptar ayuda

¿Qué haces cuando te pierdes conduciendo?

Coges un mapa para saber dónde estás, o entras las coordenadas en tu gps para que te lleve de forma segura a casa.

En dos palabras: aceptas ayuda.

¿Qué haces cuando te pierdes en tu vida?¿Aceptas ayuda?

Hay personas que son mapas o que actúan como un gps para llevarte de forma segura a casa.

Piénsalo, a veces es bueno aceptar esa ayuda con alegría y agradecimiento.

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A la carrera

¿Harías una carrera de meditación? ¿una carrera de relajación?

¿Harías una carrera de reiki?

¿Correrías 10 kilómetros practicando yoga?

Claro que no, no tiene sentido estresar tu cuerpo si lo que deseas es el efecto contrario.

Mi pregunta es… ¿entonces por qué lo haces?

¿Por qué te pones un límite tan corto de tiempo para encontrar beneficios en la relajación, en la sanación, en la meditación?…si es que alguna vez te has planteado este camino.

Si comes mal durante años, una semana de alimentación sana no arreglarán las cosas.

Si has consumido la energía de tu cuerpo durante años por hábitos tóxicos una o dos o incluso tres sesiones de reiki no lo arreglarán en un plis.  Reiki es rápido pero te aseguro que no tanto.

Si has cargado de estrés tu cuerpo por 5, 10, 15 o 20 años, dos años de consciencia en cualquier disciplina de crecimiento personal es tan solo el primer paso a intentar equilibrar cada uno de los órganos de tu interior.

El equilibrio y la paz interna no se consigue en períodos cortos.  La sanación del cuerpo tampoco.

Así que deja de correr en una carrera en la que la única forma de ganar es parar, observar, ser humilde y persistente.  En unos años tu cuerpo, tu mente y tu alrededor te lo agradecerán.

La impaciencia no es aliada de la sanación.

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¿Por qué no me sale bien?

La gran pregunta ¿Por qué no me sale bien?

Te mueves, trabajas para que tu proyecto, tu creación haga ruido, para que llegue al público, llegue al exterior.  Después llega la frustración de ver que todo el esfuerzo no da los resultados esperados.

¿Por qué tus proyectos, tus ideas, tus metas no salen bien?¿por qué se postergan, se diluyen, se paran?

Quizás sea porque no sabes exactamente qué necesitas hacer.

Quizás porque no sabes hacer lo que necesitas hacer.

O quizás sea porque te da miedo enfrentarte a algo nuevo, a lo que realmente debe hacerse.

Después llega la frustración.  La que te limita.  La que impide moverte.  La que te provoca hastío. La que pone en palabras y pensamientos de los que te observan -aquellos que no se mueven y continúan por el camino de la burocracia rígida- el famoso “te lo dije”.

Pero…

Te explicaré algo sobre la frustración: quien no se frustra no avanza.  Quien no se ha frustrado nunca vive en la complacencia de un éxito engañoso.  Quien no se ha frustrado alguna vez no se levanta al caer, se queda en el suelo víctima de la queja, atrapado en ella.

Te diré algo más sobre la frustración, te enseña algo importantísimo: cómo levantarse de nuevo con una nueva actitud.  Te vuelve creativo.  Te vuelve más atento.  Te vuelve más sabio.

Así después de la rabia, enfado, hastío cuando llegues la frustración recuerda para qué sirve.  Recuerda su aprendizaje.  Recuerda que te enseña algo más que puedes hacer.

Puedes cambiar de modelo,  diseccionar tu proyecto, globalizarlo, simplificarlo, abrir un nuevo camino, o simplemente probar, probar y probar.

Frustrarte sobre todo te enseña a lidiar con tu miedo, porque tu miedo es el factor limitante de que tu proyecto no se lleve a término.

Fluye en tu proyecto, cree en ti mismo, se creativo, trabaja con alegría y deja que el universo ponga las cosas en su lugar.

Es mucho más fácil de lo que crees.

¿Valió la pena?

Hay una cosa clara: todo lo que hagas tiene consecuencias.

La cuestión es si tus acciones te hacen sentir bien.

Si lo que creas, de palabra o acción, te hace sentir pleno.

Si lo que dices construye y no sólo te hace sonreír a ti, si no también a quien te rodea.

Si en ese momento único contigo mismo, por la noche al cerrar tus ojos para recibir el tan necesario descanso, lo haces en paz y en alegría.

Si la respuesta es sí el camino tan solo puede depararte éxito en todos los aspectos de tu vida.

Si la respuesta es no deberías plantearte si las consecuencias de esos actos, esas palabras o esas acciones valieron la pena.  Si valió la pena entristecer, llenar de ira o decepción el corazón de alguien.  Si valió la pena el querer tener razón, el orgullo y el distanciamiento de aquellos que un día quisiste. Si valió la pena hacer daño gratuitamente, algo difícilmente reparable.

¿Lo ha hecho?

Quizás deberíamos recordar todos que la razón es universal y se crea con el conjunto de opiniones.  Que el amor transciende fronteras, hasta las más duras.  Y que nunca vale la pena entristecer el alma de alguien simplemente por miedo o ansia de poder, sea del tipo que sea: energético, político o monetario.

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El sondeo

Si pudieras hacer un sondeo de quien te rodea descubrirías un montón de cosas.

Descubrirías que todas ellas tienen esa cháchara interna en la cabeza que a menudo no les deja dormir.

Descubrirías que todos, de una u otra manera, incrementan el miedo, la preocupación o drama de una pequeña cosa.

Descubrirías que todos piensan que tienen la razón.  Que han sufrido confrontaciones, abusos o faltas de respeto de la mano de otros.

Descubrirías que todos tienen miedo, pero que en ocasiones se definen como afortunados porque pueden enfrentarse a él y ganar.

Descubrirías también que a pesar de todo lo que ocurra, muchos tienen ganas de contribuir en construir algo nuevo, grande y hermoso para que este mundo sea un lugar mejor para todos.

Que todos desean algo en concreto y que si no lo consiguen es porque no lo deseaban tanto.

Descubrirías que todos se sienten solos, inseguros y a veces un fraude en alguna ocasión, pero que también se preocupan por acompañar, dar seguridad y ser fieles a ellos mismos la gran mayoría del tiempo.

Si pudieras hacer un sondeo entre todos aquellos que te rodean, te darías cuenta que lo que te pasa, no solo es a ti y que hay infinidad de personas que lo aceptan e intentan hacer algo diferente que les llene de algo diferente: satisfacción, alegría y una sonrisa permanente.

Puede que ese sondeo nos acercaría unos a otros en lugar de alejarnos para ver cómo somos en realidad.  Nos acercaría tanto que por fin aceptaríamos cómo es cada ser humano y cómo queremos ser vistos abriendo de par en par una gran puerta a la realidad donde la verdad es agradablemente objetiva.

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No puedes agradar a todos

Algunas personas aman lo que haces.  Aman cómo lo haces, aman el servicio que das, aman tu producto.  Te aman a ti.

Otras no.  Son las que te dan una estrella en google, las que pasan de largo o te ignoran, o critican el mismo servicio y producto que otros aman.  ¿Cómo se entiende?

Es simple: ni tú ni tu producto es para ellos.  No encaja en su visión, ni en su forma de ser, ni en su política de vida.  No te entienden, no comprenden qué es o para qué sirve realmente.

Por mucho que intentes explicárselo de nuevo o aclararlo, no ganarás su confianza.

O simplemente no quieren comprártelo a ti.

Sea como sea asume que te envían un mensaje claro: no eres para ellos.

Y ese mensaje debería de llevarte a uno posterior: no pasa nada, no estás haciendo nada mal, únicamente asume que no puedes agradar a todo el mundo.

Todo está bien, tan solo se la mejor versión de ti mismo.  Así es como construyes tu propio camino hacia el éxito.

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Escuchar activamente

Desde pequeños nos enseñan a escuchar, a escuchar pasivamente.

Quédate quieto, no hagas ruido, no te muevas, no asientas, no llores, supéralo.

Con todo ello poco a poco la capa de protección se engrosa, tanto que pierdes la percepción de ti mismo.  De tu cuerpo. De tu alma.

Te olvidas del interior.  Te olvidas de escuchar activamente.  Te conviertes en oyente, sólo oyes.

Las personas hablan y hablan, de vez en cuando con alguna pausa para crear la ilusión de que escuchan.  Es un engaño, no interrumpas.  La escucha pasiva se basa en dejarlos hablar.

Escuchar activamente significa mojarte.  Significa interrumpir para pedir una clarificación. Implica entender además de oír para poder preguntar cuestiones complejas y crear una conversación interesante en la cual crezcan las dos partes.

Escuchar activamente implica cerrar tus ojos, tus oídos a la cháchara sin sentido y dejar que fluyan los sonidos de tu interior.  Dejar que surja la información que tu propio cuerpo te grita. Abrazar esos avisos y sonreír a tu alma.  Conocerte, perdonarte y liberarte.

Escuchar activamente implica avanzar, crear, abrir nuevos caminos de lo que has aprendido.  Nuevos pensamientos rompiendo paradigmas antiguos, dejando atrás el miedo, la costumbre y el rencor.

Significa hacer vibrar en otros la semilla del cambio.

Significa encontrarte de nuevo en tu propia voz.

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Claro que es difícil

Meditar y relajarte es mucho más fácil que meditar y entrar en ti mismo para descubrir que hay ahí.

Relajarte con música de piano y disfrutar de un momento de paz es mucho más fácil que conseguir paz cada minuto de tu vida.

Buscar un culpable de lo que produce ira en ti es mucho más fácil que socavar en el interior para averiguar qué es en realidad lo que la provoca con el fin de liberarte de ella.

Claro que avanzar conscientemente marcando bases sólidas en cada paso que se da es difícil.

Claro que tomar la responsabilidad absoluta de tus actos incluyendo respuestas y reacciones es difícil.

Siempre hay un camino fácil, pero en él la mediocridad abunda.

El camino difícil se elige poco, es escaso.  Por eso sus resultados son tan valiosos.

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No importa

No importa de dónde vienes si no a dónde vas desde aquí.

No importa tu historia de ayer si no la que construyas hoy nueva, equilibrada y feliz.

No importan tus errores si los reconoces como tal y los utilizas para no volver a cometerlos.

No importan tus estudios ni tus títulos si no has aprendido sabiduría.

No importa tu pasado si tomas lo aprendido para aplicarlo en tu nueva escuela, tu presente.

Y tu presente, ese regalo, es el que te ayudará a escribir la página en blanco en la que todo está por decidir: tu futuro.

Tú eliges vivir en el miedo del pasado o en la esperanza de un nuevo mañana.

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La persona primero

Hace dos días escuchaba en la radio mientras me dirigía al trabajo la peligrosidad de las redes sociales y la mensajería instantánea. Uno de los temas sobre los que se hablaba era la inmediatez de la información, otro sobre la veracidad de la misma. Hemos llegado al extremo, decían con razón, y como en muchas cosas, de creer todo lo que se publica simplemente por el hecho de ser publicado y esto, es muy peligroso porque tiene un efecto incendiario inmediato, un fuego que puede tardar mucho tiempo en apagarse.

Esa información que en ningún caso se contrasta, ni se piensa en contrastar, destruye algo más. Destruye algo tan sagrado como la esencia de la persona porque antepone la ideología a los propios valores. La disecciona entre bien y mal, entre estar de acuerdo en cómo piensa o no, en olvidar que la persona es un todo y que un día decidimos, porque así lo sintió nuestro corazón, aceptar su luz y su oscuridad independientemente de cualquier ideología que profese.

Esa información que en la mayoría de las ocasiones es fruto de una manipulación mediática que toma ambos bandos separa mundos, separa lugares, separa y aleja a amigos y conocidos que un día decidieron explorar un campo ajeno al suyo y quizás escuchar un pensamiento ajeno al suyo sin prejuicio alguno, tan solo por un dictamen que su propio corazón marcaba.

La inmediatez de la información, el descontrol de una manipulación mediática en todos los bandos nos sumen en una incerteza y una ansiedad que ninguno ha pedido. Nos privan de la libertad de poder expresar nuestra opinión porque sea la que sea, recibiremos un aluvión de respuestas en ningún caso constructivas ni proactivas y eso nos lleva al miedo, al silencio y al aislamiento.

Creo en el equilibrio, creo en la libertad de todas las formas posibles pero no en el libertinaje y sobre todo creo en la persona. Amo a mis amigos como son con sus defectos y sus virtudes, me da igual si piensan en rojo en amarillo o en púrpura porque veo más allá, veo su luz y su oscuridad y acepto ambas dentro de mi corazón. No entra en mi cabeza el juzgar su punto de vista porque no hay nada que no se solucione hablando con una buena taza de té y si algo ha dicho o escrito que no cuadra mi entendimiento pienso que siempre habrá un motivo detrás que en este momento se me escapa y que por ello no echaré por la borda todo el amor que siento por él o ella. Acepto su todo. De la misma manera espero que acepten mi todo, mis opiniones, mis virtudes y mis defectos, mi luz y mi oscuridad. Si nos quedamos tan solo con una parte de las personas la historia está incompleta.

Vengo de una familia de extremos, mi padre y mi madre eran de políticas totalmente extremas pero eso jamás impidió que se amaran muchísimo durante más de cincuenta años. Jamás impidió que entablaran diálogo y confrontaran sus posturas sin extremismos. Quizás sea esa una de las lecciones más importantes que he aprendido, el poder ver la luz que reside en cada persona en lugar de centrarme en su oscuridad. Al fin y al cabo es esa luz la que nos atrae de ellas y no otra cosa.

Estamos en un momento que se nos ha olvidado anteponer ese todo, esa luz, esa persona a la ideología, a la noticia, a la instantánea. Salta a la vista lo que provoca: ansiedad, malestar, falta de diálogo, tristeza, desazón, silencio, lágrimas e insomnio. Algo evidente con este post escrito a las cuatro de la mañana.

Creo que nunca es tarde para construir puentes, para recordar quienes y qué somos, para olvidar dogmas y ver mucho más allá, para ver el cariño que nos une simplemente por ser seres humanos. Todos temblamos y nos unimos en una catástrofe, olvidamos qué pensamos, de dónde venimos para convertirnos en seres humanos y ayudar. Ponemos la persona antes que la ideología y así ocurre la magia.

Hoy es un día especialmente triste en el que algo se ha roto en mi interior, situación macerada por todo lo que está ocurriendo. Pero igual que una antigua técnica japonesa que da belleza a la loza rota rellenando sus rendijas y posibles fisuras con oro consiguiendo una pieza sin igual, tengo fe en esa luz oculta dentro de cada persona, esa luz que ninguna manipulación mediática sea del lado que sea, podrá apagar.

Hablemos, pero hablemos desde amor que es lo que nos une.

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